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Una conducta considerada “incorrecta” por un grupo social es el detonador de un fenómeno que, en ocasiones, motiva transformaciones en una sociedad, pero en otras únicamente se queda en la sentencia moral que dicta un tribunal virtual
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CANCELADO

Vivimos en la era de la cancelación

Por: Uri Massiel

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Todo empieza con una acusación. Alguien denuncia o expone una conducta, un dicho, una acción, un tuit. En algunos casos, el señalamiento se convierte en denuncia y después de un proceso penal se dicta sentencia. En otros, el castigo es la sanción moral. Son las dos dimensiones de la cultura de la cancelación.

El caso contra el productor Harvey Weinstein es un ejemplo de la primera.
En 2017, las periodistas Megan Twohey y Jodi Kantor publicaron un reportaje en The New York Times donde revelaban que uno de los hombres más poderosos de Hollywood había pagado para silenciar acusaciones de abuso sexual. Más de 80 mujeres habrían sido sus víctimas.
(Foto: Kathy Hutchins / Shutterstock)
Vino la caída. La productora, que él mismo fundó, lo despidió. La Academia de Artes Cinematográficas lo expulsó de sus filas. En octubre renunció a la junta directiva de The Weinstein Company, que posteriormente se declaró en quiebra. Una a una llegaron las denuncias penales.
(Fotos: lev radin / Shutterstock)
Casi tres años después, el juez dictó sentencia: 23 años en prisión por los delitos de violación y abuso sexual. Su nombre dejó de ser una figura aspiracional en el mundo del cine. Harvey Weinstein fue cancelado y condenado.
(Foto: Erin Alexis Randolph / Shutterstock)
Daniel Hernández Rosete, antropólogo social adscrito al Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), expone otro caso con un desenlace similar al de Weinstein. En 2008, las autoridades argentinas detuvieron a Jorge Corsi, psicólogo especializado en violencia familiar y catedrático de la Universidad de Buenos Aires, acusado de pedofilia. Al inicio negó los cargos, luego aceptó su culpabilidad en 2012.  
“Un niño llega con un policía en las calles de Buenos Aires y le dice ‘quiero hablar con mi mamá porque me secuestraron’ y el policía lo lleva a la comandancia, lo recibe una psicóloga clínica para darle una atención inmediata al chico y descubren toda una red de pederastia. Ese delito se persigue de oficio y Jorge Corsi no pudo negociar absolutamente nada”, explica Hernández Rosete.
“Si hubiera sido factible que se diera la negociación, probablemente Corsi hubiera salvado con algunos resquicios legales la sanción penal y se habría quedado únicamente con la sanción moral de la sociedad”.

Después de las denuncias, la Universidad de Buenos Aires lo suspendió de su cargo como director de la especialidad en Violencia familiar. La Editorial Paidós retiró de las librerías sus cuatro obras de violencia intrafamiliar y maltrato infantil. La pena por sus delitos fue de apenas tres años.

Estos casos, dice el especialista, exponen el lado positivo de la cultura de la cancelación: la reivindicación ciudadana y la toma de conciencia sobre aquello que afecta a una sociedad, particularmente se refiere a fenómenos estructurales como el racismo, el sistema patriarcal y la desigualdad social.
“Estamos hablando de un proceso de ciudadanización del derecho a una vida sin violencia y esto conlleva, a lo mejor desde la perspectiva sociológica más cualitativa, una categoría que llamamos agencia y reflexividad. Es decir, que son conscientes de las estructuras que les oprime”.

¿Por qué los cancelaron?

Escritores, artistas, influencers, obras de arte y hasta dibujos animados han sido cancelados por distintos motivos.
Foto de Harvey Weinstein

Harvey Weinstein

Motivo de cancelación:
El productor fue acusado de abuso y violación sexual por más de 80 mujeres.

Sanción:
Moral y penal: Fue despedido de su propia productora. Lo sentenciaron a 23 años de prisión.

Foto de J. K. Rowling

J. K. Rowling

Motivo de cancelación:
Su novela Troubled Blood ha sido criticada por considerar que la trama es transfóbica.

Sanción:
Moral: La comunidad LGBTTTI+ ha llamado a cancelarla a través del #RIPJKRowling. La consideran TERF.

Foto de Andrés Roemer

Andrés Roemer

Motivo de cancelación:
Enfrenta 61 denuncias por agresiones sexuales que van desde acoso hasta violación.

Sanción:
Moral y penal: Un juez giró orden de aprehensión en su contra. Fue excluido de la organización del evento Ciudad de las Ideas y cuatro integrantes del consejo asesor renunciaron tras las denuncias.

Pepe Le Pew

Motivo de cancelación:
El columnista Charles M. Blow aseguró que el personaje animado normaliza el acoso hacia las mujeres.

Sanción:
Moral: Warner Brothers determinó sacarlo de la secuela de Space Jam.

Foto de Steve Pinker

Steve Pinker

Motivo de cancelación:
El contenido de sus tuits ha sido cuestionado por académicos que consideran que fomenta la misoginia y el racismo.

Sanción:
Moral: Piden retirarle de los espacios académicos.

Escena de 'Lo que el viento se llevó'

Lo que el viento se llevó

Motivo de cancelación:
En una columna, el escritor y director John Ridley criticó el filme por considerar que “ignora los horrores de la esclavitud”

Sanción:
Moral: HBO Max retiró la película de sus contenidos en streaming.

Foto de Marilyn Manson

Marilyn Manson

Motivo de cancelación:
Cinco mujeres lo denunciaron por abuso y violación.

Sanción:
Moral: Ha sido excluido de shows de televisión y otros medios de comunicación. Personas cercanas a él decidieron desmarcarse y ratificaron las denuncias.

Foto de Dr. Seuss con sombrero

Dr. Seuss

Motivo de cancelación:
Las ilustraciones de seis libros entre los que están Y pensar que lo vi en la calle Porvenir y Si yo dirigiera el zoológico se consideran racistas por la representación que hacen de las personas asiáticas y afroamericanas.

Sanción:
Moral: Los seis libros de su colección ya no serán publicados.

Un tribunal digital

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En el otro extremo está la youtuber trans Natalie Wynn, quien ha sido reconocida en medios como New Yorker por la calidad de los ensayos que sube a su canal ContraPoints, donde aborda de manera ingeniosa temas como el género, el racismo o la justicia social.
En octubre de 2019 bastaron seis segundos de su video Opulence para que fuera cancelada dentro de la propia comunidad LGBTTTI+.

Su error: incluir en el video a Buck Angel,
un hombre trans cuyas ideas son consideradas como “anticuadas”, pues sostiene que una persona transexual solo puede serlo si se somete a tratamiento hormonal.
(Foto: You Tube)
“Natalie no hizo nada, simplemente incluyó a esta persona en un video. Básicamente fue cancelada por nada, por asociación, es decir, 'cómo te atreves a asociarte con esta persona, que sí es de la comunidad pero hace comentarios que no nos gustan'”, dice Baby Solís, maestra en Arte y Decodificación de la Imagen Audiovisual.
El llamado a la cancelación contra Wynn provino del mismo espacio que la creó: internet. De acuerdo con Hernández Rosete, la cultura de la cancelación se da en un contexto de ruptura entre lo público y lo privado, que se acentúa con la democratización de la información, que dejó de tener una estructura vertical. Ahora, le pertenece a todos, es colectiva.
Las redes sociales e internet se transforman en un tribunal, en el que “cada vez hay más culpables”, dice la periodista Cristina Casabón, columnista de The Objective y una de las personas que firmó una carta en contra de la cultura de la cancelación en España. Wynn está entre esos culpables.

“Cancelar no es criticar, no es hacer a alguien responsable. Es un ataque a un ser humano”, dijo Wynn en el episodio Canceling, el cual suma poco más de 3.6 millones de visitas.

Para Wynn, el efecto que tuvo la cancelación sobre ella se asocia al dolor, a una sensación de arrebato: alguien se había llevado la felicidad de su éxito. Sentía que una furia le rodeaba y se cuestionó si la carrera que había elegido era la correcta. Acostumbrada a ataques de personas transfóbicas ahora lidiaba con el rechazo de su comunidad.
“Cancelar no es criticar, no es hacer a alguien responsable. Es un ataque a un ser humano”. Natalie Wynn Creadora del canal de YouTube ContraPoints
(Foto: Evan El Amin / Shutterstock)

El impacto de la cancelación varía de acuerdo con la influencia de cada persona, dice Solís. Para la crítica de arte no es lo mismo cancelar a un personaje como Donald Trump que a una persona alejada de los reflectores.

En Estados Unidos casi dos terceras partes de la población, el 62%, lo piensa dos veces antes de emitir una opinión, ya que consideran que otras personas podrían considerarlas ofensivas, de acuerdo con un estudio de CATO Institute. Ese mismo reporte demuestra que tres de cada 10 estadounidenses consideran que podrían perder su empleo si hacen públicas sus opiniones políticas.
Este último punto fue abordado por 150 intelectuales en una carta sobre justicia y debate abierto, en la que acusan la existencia cada vez más extendida de un “espíritu censor” que no tolera las visiones opuestas y que apuesta a la “vergüenza pública” y a “una certeza moral cegadora” ante problemas complejos como la justicia racial y social.
“Se despide a editores por publicar textos polémicos; se retiran libros por una supuesta falta de autenticidad; se impide que los periodistas escriban de algunos temas; se investiga a profesores por citar obras literarias en clase; se despide a un investigador por difundir un estudio académico con revisión de pares; y se expulsa a dirigentes de organizaciones por lo que a veces solo son torpes errores”,
enlista la misiva firmada por personajes que también han enfrentado la cancelación, como el psicólogo experimental Steven Pinker y la autora de la serie de libros de Harry Potter J. K. Rowling.
62%
de los estadounidenses evita emitir opiniones que pueden considerarse ofensivas.
32%
de los estadounidenses tiene miedo de perder su empleo por sus posturas políticas.
Los efectos no se detienen en la denominada autocensura o la pérdida de espacios. La exclusión de un grupo social y un constante enjuiciamiento a través de las redes sociales son otras de las consecuencias de ser cancelado. Una situación que puede agravarse por otros factores, como problemas de salud mental, alerta el psiquiatra Pablo Malo, integrante de la Txori Herri Medical Association.

El 'checklist' de la cultura de la cancelación

El escritor, periodista y activista estadounidense Jonathan Rauch identificó seis señales de este fenómeno.
Punitivismo

1. Punitivismo

Busca castigar en lugar de corregir. Un tropiezo basta para ser juzgado.

Cierre de espacios

2. Cierre de espacios

El objetivo es que una persona ya no pueda publicar su trabajo e incluso que sea despedido.

Organización

3. Organización

Las críticas hacia la persona parecen estar dirigidas hacia su objetivo. Se trata de un movimiento en colectivo, principalmente impulsado desde redes sociales.

Boicots secundarios

4. Boicots secundarios

La persona pierde contactos y apoyo de sus conocidos, quienes evitan defenderlo para alejarse de la controversia.

Exhibicionismo moral

5. Exhibicionismo moral

Quienes cancelan buscan elevar su estatus a través de la exhibición de su objetivo; se sumen en una guerra para mostrar su indignación.

Verdadosidad

6. Verdadosidad

Verdades a medias en algunos casos derivan en la cancelación. Las personas que cancelan utilizan lo que es útil para su causa sin importar si es verdad.

La obra y el autor: ¿punto y aparte?

“Este fenómeno de la cancelación expresa dos contextos: uno es la sanción moral, y dos, la sanción penal”. Daniel Hernández Rosete Antropólogo social adscrito al Departamento
de Investigaciones Educativas del Cinvestav
María Magalena, personaje al que la Iglesia católica se ha empeñado en borrar de la historia, fue el último al que dieron vida en los estudios de Harvey Weinstein. En medio del proceso contra el productor por violación y abuso sexual, el filme tuvo retrasos para su estreno. ¿La sombra de Weinstein también lo canceló?

Separar la obra del autor es un debate que surge cuando algún personaje es cancelado. María Magdalena no fue una obra directa de Weinstein, pero su nombre estaba detrás y eso pudo haber marcado el destino del filme, que no trascendió.

Apreciar la obra de un artista que ha sido cancelado no implica dejar de lado la exigencia para poner fin a prácticas como el abuso y el acoso sexual o el racismo, señala Solís. Más allá de dejar de ver un filme o la exposición de un artista, lo que se debe hacer es impulsar acciones y mecanismos para impedir que esas conductas se repitan, recomienda Solís. “Una obra de arte supera a la biografía de un artista. Le podemos dar otra lectura, le podemos dar otros significados. Por ejemplo, sucedió en el círculo del arte de la Ciudad de México que un artista fue acusado de violación. La misma comunidad se organizó y empezamos a tomar un taller de prevención para que esos casos no vuelvan a ocurrir”, expone.
“Las personas que cancelan a otras tienen las mejores intenciones y buscan un mundo mejor y más justo. Es muy importante que nos dotemos de unas reglas de juego y que las respetemos”. Pablo Malo Psiquiatra miembro de la Txori Herri Medical Association
Hay otros casos en los que es la propia obra la que se somete al escrutinio por su contenido. Pasó con Lo que el viento se llevó. La plataforma HBO Max decidió retirarla en medio de las protestas por la muerte de George Floyd a manos de policías en Estados Unidos, en 2020. Lo mismo hizo Disney. A inicios de este año decidió bloquear, para menores de siete años, filmes considerados clásicos, pero que al mismo tiempo contienen escenas consideradas como racistas. Se trata de las películas animadas Dumbo, Peter Pan, Los Aristogatos y La Ciudadela de los Robinson.

Pero hay situaciones en las que el intento por cancelar a un autor tienen un efecto contrario. Pasó con Lolita, de Vladimir Nabokov, cuando un grupo de personas lanzó una campaña en contra por considerar que normalizaba la pederastía. Escritores respondieron con ensayos para defender su aportación a la literatura.
Ilustración joven siendo cancelada

Adiós al pasado ‘incómodo’

Juzgar la historia a partir del presente, sin hacer un análisis de su contexto. Esa es la peculiaridad de la generación woke. Para la periodista Cristina Casabón lo que intenta esta generación es imponer un discurso de lo “políticamente correcto”, una situación que puede desviar el propósito de aquello que buscan derribar.
“Los viejos liberales tenían una máxima que era: el respeto no a las uniones y a la libertad de expresión, que paradójicamente es una visión que ha ayudado a consolidar los derechos de las minorías. Antes de que aparecieran en los años 60 en Estados Unidos los movimientos de justicia social, abanderados por los viejos liberales, se defendía la libertad de expresión, el pluralismo, y cuando esto se pervierte, paradójicamente se pervierten los derechos de esas minorías”.
La estatua de Saddam Hussein y otras han sido canceladas, pero no han significado cambios para las sociedades, pues cancelar la historia no implica reescribirla, dice el psiquiatra Pablo Malo. “Se denomina presentismo histórico a la tendencia a juzgar con nuestros planteamientos y parámetros actuales actos protagonizados por quienes vivieron hace siglos en circunstancias diferentes. Es un error. No podemos estar reescribiendo el pasado como en la novela 1984, o borrándolo”.
Por: Uri Massiel
Diseño web y animación: Sergio Arcíbar
Dirección de arte: Camila Ordorica

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